miércoles

15 de septiembre 200 años después...

No soy patriótica.

Este y todos los años digo que no soy patriótica, soy orgullosamente mexicana  pero no hay motivos para salir a las calles y celebrar.
He escuchado varios comentarios acerca de si debemos o no celebrar el Bicentenario de México; pase lo que pase hoy les traigo la sátira de la semana para que nos pongamos a pensar acerca de lo que realmente celebramos:

Primero  MarioNetas, con eso de las celebraciones que invaden todos los espacios con historias jamas contadas; pero en lo particular me gusta más Rictus con su Legado de la independencia y con Hace 200 años... publicados el 15 de septiembre y el 19 de agosto, respectivamente. Osiris realiza otra nueva canción acerca de si vale la pena gastar tanto dinero en vez de mejorar la vida del pueblo.

Los dejo iré a celebrar que soy un ser humano independiente que vive en un país justo y soberano al que entregamos nuestra existencia.  †

martes

En Corto.



En corto,
que sea directo
como disparo de bala

dolorosamente efectivo
sin rodeos.

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Jardín de Azzabug
Elihe y su muerte
®

lunes

BRUMA ROSA



Así llaman los de explosivos a alguien que explota.

La bomba se detona, y cualquiera que esté cerca explota en un millón de partículas. 

Se convierte en líquido. 
No queda nada, sólo trozos de carne humana y sangre.
Bruma rosa. 
A veces no encuentran ni un dedo entero. 
Eres una persona y en un segundo eres una lluvia de carne...

miércoles

Deseo.


Besame con tus manos y deja que te bese con el dorso de mi lengua;
que tu piel sea fiel a mis oidos, que sea capaz de
escuchar como la llamo con las pupilas.
Dejame ver la luz cálorifica de tu respiración.

Ven te invoco. 
Mon fantôme.

lunes

Silencio part. 2

Súbitamente apareció sobre el cielo de Hiroshima el resplandor de una luz blanquecina rosada, acompañado de una trepidación monstruosa que fue seguida inmediatamente por un viento abrasador que barría cuanto hallaba a su paso.Las personas quedaban calcinadas por una ola de calor abrazador. 


Muchas personas murieron en el acto, otras yacían retorciéndose en el suelo, clamando en su agonía por el intolerable dolor de sus quemaduras.
Quienes lograron escapar milagrosamente de las quemaduras de la onda expansiva, murieron a  los veinte o treinta días como consecuencia de los mortales rayos gamma. Generaciones de japoneses debieron soportar malformaciones en sus nacimientos por causa de la radiactividad. Unas cien mil personas murieron en el acto y un número no determinado de víctimas se fue sumando con el paso de los días y de los años por los efectos duraderos de la radiactividad.  



A pesar de la magnitud del desastre, los japoneses decidieron seguir luchando hasta el final en una prueba de su valor como pueblo guerrero.

9 de agosto otra bomba, esta vez de plutonio, caía sobre la población de Nagasaki. Los efectos fueron menos devastadores por la topografía del terreno pero 73.000 personas perdieron la vida y 60.000 resultaron heridas. Contra todos los pronósticos, el ministro de guerra japonés Korechika Anami comunicó inmediatamente que el Japón seguiría peleando hasta perder a su último hombre. 
Por esas horas dramáticas, los oficiales del Ejército y la Armada se enfrentaban al pesimismo del emperador Hirohito que se mostraba dispuesto a firmar la rendición incondicional. Un intento de golpe de estado causó la muerte de soldados leales al emperador y de algunos oficiales rebeldes, lo cual demuestra que aún después del devastador efecto de las bombas atómicas, los japoneses seguían debatiéndose entre pelear y rendirse sin amedrentarse ante el peligro de una tercera bomba.
Numerosos oficiales incluyendo al propio Anami se suicidaron por medio del harakiri(ritual milenario) antes de rendirse al enemigo. La misma actitud siguieron muchos soldados y civiles en el campo de batalla que se mataban entre ellos frente a los captores que no podían dar crédito a semejante fanatismo. Recién el 15 de agosto, casi una semana después de Nagasaki, el pueblo japonés escuchaba por primera vez la voz de su emperador que había tenido que descender de su condición divina para convencer a su pueblo de que debía rendirse. Sin pronunciar la palabra "rendición" dijo que la guerra había terminado. 
Contra la creencia de muchos, Japón decidió rendirse no tanto por el efecto de las bombas atómicas sino por el ataque artero de la Unión Soviética desde Manchuria el día 8 de agosto de 1945. Cuando un millón y medio de rusos con sus fuerzas blindadas se lanzaron en el interior de Manchuria, los japoneses comprendieron que era inútil seguir resistiendo. Este hecho desmiente el típico cinismo de los historiadores occidentales que aún hoy sostienen que las bombas atómicas fueron necesarias para acortar la guerra y, por ende, para "ahorrar" la vida de miles de soldados que los aliados habrían perdido en su intento por invadir el Japón. 
Aún si esto fuera cierto, nada justifica haberle provocado la muerte instantánea a por lo menos 180.000 civiles inocentes que no eran soldados ni formaban parte de un objetivo militar.